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Núria Roig

2018: Entrepueblos cumple 30 años y me piden que escriba sobre los primeros años, cuando acepté la responsabilidad de sacar adelante esta ONG. Fui la primera secretaria general –así lo llamábamos entonces– en 1988, 1989, 1990 y 1991. Hace 26 años que dejé EP por motivos personales y ahora me cuesta muchísimo redactar unas líneas.


Núria Roig a El Salvador, 1992

La única ventaja que tiene hacerlo con tantos años de distancia es recordarlo con el pensamiento y las expresiones que usábamos entonces; eso sí, estoy escribiendo con ordenador y en aquel entonces, cuando EP empezaba a caminar, tecleaba con una máquina de escribir. Dicho esto, os haré cuatro pinceladas de dos temas: uno, de dónde venimos y por qué creamos una ONG y dos, las raíces de EP, humanas, organizativas y filosóficas.

Veníamos de los comités de solidaridad y de las coordinadoras locales y estatales. Desde la Revolución Popular Sandinista del 1979 y durante los años 80, principalmente, se crearon comités de solidaridad sobre todo con Nicaragua y, no tan numerosos, con los movimientos de liberación de El Salvador y Guatemala. Se formaron muchísimos, en barrios, centros de trabajo y sindicatos, pueblos pequeños y grandes; y se tejió una red impresionante que invitaba a la coordinación y las campañas conjuntas. Eran pueblos amigos luchando por un mundo mejor, y nosotros queríamos estar a su lado, e incluso, bastante gente trabajamos allí: un año, dos, tres, o en brigadas internacionales de verano. Conocíamos el territorio, los paisajes, a mucha gente; nosotros íbamos y muchas personas de allá vinieron también.

Entendíamos la solidaridad internacional como la causa común, la amistad y el hermanamiento entre pueblos que luchan por la libertad, como el apoyo mutuo a las luchas por la liberación popular, como el acompañamiento a los movimientos revolucionarios, sobre todo de América Latina.

Recuerdo el local de la coordinadora catalana, austero y humilde, siempre llenísimo de gente y de humo. Recuerdo el local de la coordinadora estatal donde durando unos años nos encontramos casi cada mes gente de todas partes. Recuerdo las campañas «100 millones para Nicaragua!» y «Nicaragua tiene que sobrevivir», el concierto «Nicaragua Rock» que llenó el Palau Sant Jordi de Barcelona, las paradas para informar y vender chapas o libros, las manifestaciones contra el imperialismo, las jornadas, los debates, el envío de brigadistas, la financiación de pequeños proyectos, las idas a la radio, los escritos en revistas... Queríamos con todo ello contribuir a romper el injusto orden económico internacional, el intercambio desigual, queríamos cambiar el mundo.

A medida que pasaban los años, otras instituciones se fueron añadiendo: por un lado, ayuntamientos que se juntaban con pueblos o ciudades –sobre todo niques–, y de otra, se formaban nuevas ONG en el momento en que en Nicaragua se creaba el Ministerio de Cooperación Externa para poner orden y dar prioridades a todos los proyectos que se financiaban con aportaciones solidarias; a la vez también aquí muchas administraciones públicas comenzaban a destinar recursos económicos para las ONG. Los comités de solidaridad no quisimos ser ajenos a esta nueva situación y decidimos hablar. Se creó una comisión en Catalunya para estudiar el tema, documentos arriba y abajo, discusiones en pequeños comités y en las coordinadoras: qué había pasado con los proyectos de la solidaridad, cómo podíamos acceder a más recursos y hacer un mejor seguimiento de los proyectos en marcha, cómo podíamos reforzar los dos ejes de trabajo: cooperación y sensibilización, contrainformación y denuncia.

Finalmente, la coordinadora estatal de solidaridad con Nicaragua, en noviembre de 1987, dio el visto bueno para crear una ONG solidaria. Las coordinadoras locales aportaron el dinero inicial para empezar la singladura y se decidió que una persona trabajara: era una responsabilidad enorme para mí. Los últimos meses del 87 ya habíamos encontrado un nombre –que reflejaba lo que queríamos ser– y redactado unos estatutos, que en diciembre del 87 entraron al registro de asociaciones.

Enero de 1988, Entrepueblos tenía una página en blanco para llenar, todo era nuevo y se tenían que empezar los fundamentos. No empezamos con proyectos, de ninguna forma, empezamos creando la entidad, la base organizativa. Buscamos personas para formar la Junta directiva –provenientes de la solidaridad y nuevas–, queríamos algunas de conocidas que nos abrieran puertas; J. M. Valverde aceptó la presidencia. La primera Junta era entusiasta y trabajadora. Nos reunimos a menudo. Impulsamos la creación de las comisiones de apoyo en todo el territorio: trenes arriba y abajo para hablar con la gente, para animar. Buscamos socias y socios fundadores por debajo las piedras; pensamos un logotipo que nos representase; redactamos los primeros trípticos para darnos a conocer, buscamos un pequeño local de referencia. Al cabo de unos meses empezamos a hacer las presentaciones públicas, la primera y colectiva en Madrid, en julio del 88 en un bar conocido. Todavía estaban con nosotros algunos compañeros que nos dejaron demasiado pronto: Anna Ros, del País Valenciano; Pepo Montserrat, de Aragón; Diamantino García, de Sierra Sur (Sevilla) y Fernando Salas, de Madrid. Más trenes arriba y abajo: Sevilla, Valladolid, Redondela, Murcia, Albacete, Granada, Burgos y un largo etcétera, para crear las comisiones territoriales, para hacer presentaciones y, más adelante, para participar en mesas redondas y jornadas.

En segundo lugar profundizamos en el tema, qué es la cooperación solidaria, qué es la cooperación y la educación para el desarrollo. Teníamos que encontrar un discurso y un pensamiento propio. Leemos, nos reunimos con otros ONG y empezamos a viajar a Centroamérica. Como solidaridad conocíamos bastante los movimientos sociales de aquellos pueblos, colmo a ONG principiante en aquellos años, tuvimos que reconocer y conocer las ONG que serían nuestras contrapartes. Justo es decir que, no tanto en Nicaragua, pero sí en El Salvador y Guatemala, las ONG locales se constituyen al mismo momento que nosotros, allá también entendieron que una entidad constituida como organización no gubernamental tendría más posibilidades de canalizar recursos económicos.

En el primer viaje en Centroamérica el julio del 88 tuvimos la ocasión de reunirnos, por primera vez, con el Comité Nicaragüense de Solidaridad con los Pueblos (Patricia Elvir); con el Ministerio de Cooperación Externa (Lesbia Morales); con el Instituto de la Mujer; con la Oficina de Promoción y Desarrollo de la Costa Atlántica o con el Instituto de Reforma Agraria, la INRA; y también conocemos, entre otros, REDES, en El Salvador o la Iglesia de Guatemala en el Exilio. Curiosamente con estos últimos desarrollamos nuestro primer proyecto importante y enviamos las primeras cooperantes, médicas, a los campamentos de refugiados guatemaltecos en Quintana Roo, México, para formar promotores y promotoras de salud.

Y pensamos y escribimos mucho, muchísimo: documentos de debate, para las juntas, para las asambleas, para los boletines, para los trípticos y para las comparecencias públicas. Hablamos de comprender la situación política de los países donde trabajamos; hablamos que los proyectos impulsen la participación popular; hablamos de basarnos en unas relaciones entre iguales; hablamos de autoevaluarnos e ir mejorando progresivamente; hablamos de velar por nuestra autonomía y no permitir condicionantes de los portadores de recursos; hablamos de las tareas centralizadas y de las que no lo serían; hablamos de las clases populares, de las mujeres... y la lista sigue.

Enero de 1992, cuatro años después de poner la primera piedra, EP tenía casi un millar de socios y socias, unas comisiones de apoyo fuertes en todo el territorio peninsular, algunos proyectos en marcha, proyección pública y la mejor sustituta, Gabriela Serra, que hacía pocos meses que había vuelto de Guatemala y que no dudó en aceptar el reto. Y no olvidemos, está claro, Helena Porteros. Un abrazo a todo el mundo y mis felicitaciones por el trabajo hecho.


 

De moviment de solidaritat a Entrepobles

L´únic l’avantatge que té fer-ho amb tants anys de distància és recordar-ho amb el pensament i les expressions que usàvem aleshores; això sí, estic escrivint amb un ordinador i llavors, quan EP comença a caminar, teclejava amb una màquina d’escriure. Dit això, us faré quatre pinzellades de dos temes: un, d’on veníem i per què vam crear una ONG i dos,  les arrels d’EP, humanes, organitzatives i filosòfiques.

Veníem dels comitès de solidaritat i de les coordinadores locals i  estatal. D’ençà de la Revolució Popular Sandinista del 1979 i durant els anys 80, principalment, es creen comitès de solidaritat sobretot amb Nicaragua i, no tan nombrosos, amb els moviments d’alliberament d’El Salvador i Guatemala. Se’n formen moltíssims, en barris, centres de treball i sindicats, pobles petits i grossos; i es teixeix una xarxa  impressionant que convida a la coordinació i les campanyes conjuntes.
Eren pobles amics lluitant per un món millor, i nosaltres volíem ser al seu costat, i fins i tot, força gent vam anar a treballar-hi: un any, dos, tres, o en brigades internacionals d’estiu. Coneixíem el territori, els paisatges, a molta gent; nosaltres hi anàvem i moltes persones d’allà van venien cap aqui també.

Enteníem la solidaritat internacional com la causa comú,  l’amistat i l’agermanament entre pobles que lluiten per la llibertat, com el suport mutu a les lluites per l’alliberament popular, com l’acompanyament als moviments revolucionaris sobretot de l’Amèrica Llatina.

Recordo el local de la coordinadora catalana, auster i humil, sempre pleníssim de gent i de fum. Recordo el local de la coordinadora estatal on durant uns anys ens vam trobar gairebé cada mes gent de tot arreu.
Recordo les campanyes «100 milions per a Nicaragua!» i «Nicaragua ha de sobreviure», el concert «Nicaragua Rock» que va omplir el palau Sant Jordi de Barcelona, les paradetes per informar i vendre xapes o llibres, les manifestacions contra l’imperialisme, les jornades, els debats, l’enviament de brigadistes, el finançament de petits projectes, les anades a la ràdio, els escrits en revistes... Volíem amb tot plegat contribuir a trencar l’injust ordre econòmic internacional, l’intercanvi
desigual, volíem canviar el món.

A mesura que passaven els anys, altres institucions s’hi van anar afegint: d’una banda, ajuntaments que s’agermanaven amb pobles o ciutats –sobretot niques–, i d’una altra, es formaven noves ONG en el moment que a Nicaragua es creava el Ministeri de Cooperació Externa per posar ordre i donar prioritats a l’allau de  projectes que es finançaven amb aportacions solidàries; alhora també aquí moltes administracions públiques començaven a destinar recursos econòmics per a les ONG. Els comitès de solidaritat no vam voler ser aliens a aquesta nova situació i decidim parlar-ne. Es crea una comissió a Catalunya per estudiar el tema, documents amunt i avall, discussions en petits comitès i en les coordinadores: què havia passat amb els projectes de la solidaritat, com podíem accedir a més recursos i fer un seguiment millor dels projectes en marxa, com podríem reforçar els dos eixos de treball: cooperació i sensibilització, contrainformació i denúncia. Finalment, la coordinadora estatal de solidaritat amb Nicaragua, el novembre de 1997, dona el vistiplau a crear una ONG solidària. Les coordinadores locals aporten els diners inicials per començar la singladura i es decideix que una persona hi treballi: és una responsabilitat enorme per a mi. Els darrers mesos del 97 ja havíem trobat un nom –que reflectia el que volíem ser– i redactat uns estatuts, que al desembre del 97 entren al registre d’associacions.

Gener de 1988, Entrepobles té una pàgina en blanc per omplir, tot era nou i s’havien de posar els fonaments. No vam començar amb projectes, de cap manera, vam començar creant l’entitat, la base organitzativa. Busquem persones per formar la Junta directiva –provinents de la solidaritat i de noves–, en volíem algunes de conegudes que ens obrissin portes; J. M. Valverde accepta la presidència. La primera Junta és entusiasta i treballadora. Ens reunim sovint. Impulsem la  reació de les comissions de suport arreu del territori: trens amunt i avall per parlar amb la gent, per animar. Busquem sòcies i socis fundadors de sota les pedres; pensem un logotip que ens representi; redactem els primers tríptics per donar-nos a conèixer, busquem un petit local de referència. Al cap d’uns mesos comencem a fer les presentacions públiques, la  primera i col·lectiva a Madrid, el juliol del 88 en un bar conegut. Encara estàven amb nosaltres companys que ens van  deixar massa aviat: l’Anna Ros, del País Valencià; el Pepo Montserrat, d’Aragó; el Diamantino García, de la Sierra Sur (Sevilla) i en Fernando Salas, de Madrid. Més trens amunt i avall: Sevilla, Valladolid, Redondela, Múrcia, Albacete, Granada, Burgos i un llarg etcètera, per crear les comissions territorials, per fer presentacions i, més endavant, per participar en taules rodones i jornades.

En segon lloc aprofundim en el tema, què és la cooperació solidària, què és la cooperació i l’educació per al desenvolupament. Havíem de trobar un discurs i un pensament propi. Llegim, ens reunim amb altres ONG i comencem a viatjar a Centreamèrica. Com a solidaritat coneixíem força els moviments socials d’aquells pobles, com a ONG principiant en aquells anys, vam haver de reconèixer i conèixer les ONG que serien les nostres contraparts. Val a dir que,no tant a Nicaragua, però sí a El Salvador i Guatemala, les ONG locals es constitueixen al mateix moment que nosaltres, allà també van entendre que una entitat constituïda com a organització no governamental tindria més possibilitats de canalitzar recursos econòmics.

En el primer viatge a Centreamèrica el juliol del 88 tenim ocasió de reunir-nos, per primer cop, amb el Comité Nicaragüense de Solidaridad con los Pueblos (Patricia Elvir); amb el Ministeri de Cooperació Externa (Lesbia Morales); amb l’Institut de la Dona; amb l’Oficina de Promoció i Desenvolupament de la Costa Atlàntica o amb l’Institut de Reforma Agrària, l’INRA; i també coneixem, entre altres, REDES, a El Salvador o la Iglesia de Guatemala en el Exilio. Curiosament amb aquests últims fem el nostre primer projecte important i enviem les primeres cooperants, metgesses, als campaments de refugiats guatemalencs a Quintana Roo, Mèxic, per formar promotors i promotores de salut.

I pensem i escrivim molt, moltíssim: documents de debat, per a les juntes, per a les assemblees, per als butlletins, per als
tríptics i per a les compareixences públiques. Parlem de comprendre la situació política dels països on treballem; parlem que els projectes impulsin la participació popular; parlem de basar-nos en unes relacions entre iguals; parlem d’autoavaluar-nos i anar millorant progressivament; parlem de vetllar per la nostra autonomia i no permetre condicionants
dels portadors de recursos; parlem de les tasques centralitzades i de les que no ho serien; parlem de les classes populars, de les dones... i la llista continua.

Gener de 1992, 4 anys després de posar-hi la primera pedra EP tenia gairebé un miler de socis i sòcies, unes comissions de suport fortes arreu del territori peninsular, alguns projectes en marxa, projecció pública i la millor substituta, Gabriela Serra, que feia pocs mesos que havia tornat de Guatemala i que no va dubtar a acceptar el repte. I no oblidem, és clar, l’Helena Porteros. Una abraçada a tothom i les meves felicitacions per la feina feta.

De movemento de solidariedade a Entrepobos

A única vantaxe que ten facelo con tantos años de distancia é lembralo co pensamento e as expresións que usabamos naquel entón; iso si, estou escribindo con ordenador e, naqueles tempos,, cando EP empezaba a camiñar, tecleaba cunha máquina de escribir. Dito isto, fareivos catro pinceladas de dous temas: un, de onde vimos e por que creamos unha ONG; e dous, as raíces de EP, humanas, organizativas e filosóficas.

Viñamos dos comités de solidariedade e das coordinadoras locais e estatais. Dende a Revolución Popular Sandinista do 1979 e durante os anos 80, principalmente, creáronse comités de solidariedade sobre todo con Nicaragua e, non tan numerosos, cos movementos de liberación de O Salvador e Guatemala. Formáronse moitísimos, en barrios, centros de traballo e sindicatos, vilas pequenas e grandes; teceuse unha rede impresionante que alentaba a coordinación e as campañas conxuntas. Eran pobos amigos loitando por un mundo mellor, e nós queriamos estar ao seu lado, e mesmo, bastante xente traballamos alí: un ano, dous, tres, ou en brigadas internacionais de verán. Coñeciamos o territorio, as paisaxes, a moita xente; nós iamos e moitas persoas de alá viñeron tamén.

Entendiamos a solidariedade internacional como a causa común, a amizade e o irmanamento entre pobos que loitan pola liberdade, como o apoio mutuo ás loitas pola liberación popular, como o acompañamento aos movementos revolucionarios, sobre todo de América Latina. Lembro o local da coordinadora catalá, austero e humilde, sempre repleto de xente e de fume. Lembro o local da coordinadora estatal no que, durante uns anos, nos atopabamos case cada mes xente de todas partes. Lembro as campañas «100 millóns para Nicaragua!» e «Nicaragua ten que sobrevivir», o concerto «Nicaragua Rock» que encheu o Palau Sant Jordi de Barcelona, as paradas para informar e vender chapas ou libros, as manifestacións contra o imperialismo, as xornadas, os debates, o envío de brigadistas, o financiamento de pequenos proxectos, as idas á radio, os escritos en revistas... Queriamos con todo iso contribuír a romper a injusta orde económica internacional, o intercambio desigual, queríamos cambiar o mundo.

A medida que pasaban os anos, outras institucións se foron engadindo: por una banda, concellos que se xuntaban con vilas ou cidades –sobre todo niques–, e doutra, se formaban novas ONG no momento no que en Nicaragua se creaba o Ministerio de Cooperación Externa para pór orde e dar prioridades a todos os proxectos que se financiaban con aportacións solidarias; á vez tamén aquí moitas administracións públicas comezaban a destinar recursos económicos para as ONG. Os comités de solidariedade non quixemos ser alleos a esta nova situación e decidimos falar. Creouse una comisión en Catalunya para estudar o tema, documentos arriba e abaixo, discusións en pequenos comités e nas coordinadoras: que pasara cos proxectos de solidariedade, como podiamos acceder a máis recursos e facer un mellor seguemento dos proxectos en marcha, como  podiamos reforzar os dous eixos de traballo: cooperación e sensibilización, contrainformación e denuncia.

Finalmente, a coordinadora estatal de solidariedade con Nicaragua, en novembro de 1997, deu o visto e prace para crear unha ONG solidaria. As coordinadoras locais aportaron o diñeiro inicial para empezar a singradura e decidiuse que unha persoa traballara: era unha responsabilidade enorme para min. Os últimos meses do 97 xa atopáramos un nome –que reflectía o que queriamos ser– e tiñamos redactado uns estatutos, que en decembro do 97 entraron ao rexistro de asociacións.

Xaneiro de 1988, Entrepobos tiña unha páxina en branco por encher, todo era novo e tíñanse que empezar os alicerces. Non comezamos con proxectos, de ningún xeito, empezamos creando a entidade, a base organizativa. Buscamos persoas para formar a Xunta directiva –provenientes da solidariedade e novas–, queriamos algunhas de persoas coñecidas que nos abriran portas; J. M. Valverde aceptou a presidencia. A primeira Xunta era entusiasta e traballadora. Reuniamonos a cotío. Impulsamos a creación das comisións de apoio en todo o territorio: trens arriba e abaixo para falar coa xente, para animar. Buscamos socias e socios fundadores ata debaixo das pedras; pensamos un logotipo que nos representase; redactamos os primeiros trípticos para darnos a coñecer, buscamos un pequeno local de referencia. Despois duns meses empezamos a facer as presentacións públicas, a primeira e colectiva en Madrid, en xullo do 88 nun bar coñecido. Aínda estaban con nós algúns compañeiros que nos deixaron logo de máis: Anna Ros, do País Valenciano; Pepo Montserrat, de Aragón; Diamantino García, de Sierra Sur (Sevilla) e Fernando Salas, de Madrid. Máis trens arriba e abaixo: Sevilla, Valladolid, Redondela, Murcia, Albacete, Granada, Burgos e un longo etcétera, para crear as comisións territoriais, para facer presentacións e, máis adiante, para participar en mesas redondas e xornadas.

En segundo lugar profundizamos no tema, que é a cooperación solidaria, que é a cooperación e a educación para o desenvolvemento. Tiñamos que atopar un discurso e un pensamento propio. Lemos, reunímonos con outras ONG e empezamos a viaxar a Centroamérica. Como solidariedade coñeciamos bastante os movementos sociais daqueles pobos, como a ONG principiante naqueles anos, tivemos que recoñecer e coñecer as ONG que serían as nosas contrapartes. Xusto é dicir que, non tanto en Nicaragua, pero si n’ O Salvador e Guatemala, as ONG locais constitúense ao mesmo tempo que nós, alá tamén entenderon que unha entidade constituída como organización non gubernamental tería máis posibilidades de canalizar recursos económicos.

Na primeira viaxe en Centroamérica, en xullo do 88, tivemos a ocasión de reunírmonos, por primeira vez, co Comité Nicaraguano de Solidariedade cos Pobos (Patricia Elvir); co Ministerio de Cooperación Externa (Lesbia Morales); co Instituto da Muller; coa Oficina de Promoción e Desenvolvemento da Costa Atlántica ou co Instituto de Reforma Agraria, INRA; e tamén coñecemos, entre outros, REDES, n’O Salvador ou a Igrexa de Guatemala no Exilio. Curiosamente con estos últimos desenvolvemos o noso primeiro proxecto importante e enviamos as primeiras cooperantes, médicas, aos campamentos de refuxiados guatemaltecos en Quintana Roo, México, para formar promotores e promotoras de saúde.

E pensamos e escribimos moito, moitísimos:documentos de debate, para as xuntas, para as asembleas, para os boletíns, para os trípticos e para as comparecencias públicas. Falamos de comprender a situación política dos países nos que traballamos; falamos de que os proxectos impulsen a participación popular; falamos de basearnos nunhas relacións entre iguais; falamos de autoavaliarnos e ir mellorando progresivamente; falamos de velar pola nosa autonomía e non permitir condicionantes dos portadores de recursos; falamos das tarefas centralizadas e das que non o serían; falamos das clases populares, das mulleres... e a lista sigue.

Xaneiro de 1992, catro anos despois de poñer a primeira pedra, EP tiña case un milleiro de socios e socias, unhas comisións de apoio fortes en todo o territorio peninsular, algúns proxectos en marcha, proxección pública e a mellor substituta, Gabriela Serra, que había poucos meses que volvera de Guatemala e que non dubidou en aceptar o reto. E non esquezamos, está claro, a Helena Porteros. Unha aperta a todo o mundo e os meus parabéns polo traballo feito.

 

 

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