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Centroamérica: Sobrevivir al desarrollo

El balance de tres décadas de cooperación internacional al desarrollo que hemos conocido en Centroamérica nos deja un saldo que podríamos resumir esquemáticamente como: éxito del “desarrollo”, pinchazo de la “cooperación”.

El discurso de las políticas de cooperación al desarrollo planteaba expectativas de generalización del modelo económico y de bienestar de los países “desarrollados”. Este discurso obviaba que la tendencia natural del desarrollo realmente existente es la de una evolución desigual en el marco de unas relaciones desiguales. Su “progreso” ha sido el de la concentración de la riqueza, la financiarización, la deslocalización, la especialización territorial y la acumulación por desposesión. Con el avance de todas estas tendencias, el desarrollo realmente existente (no el del imaginario de la cooperación) sí está logrando sus objetivos.

La evolución

Haciendo un brevísimo recorrido por estas tres décadas, podríamos distinguir tres fases:

Una primera época marcada por los conflictos armados y todavía en un mundo dividido en dos grandes bloques. En esta época prevalecía el discurso de los derechos humanos y los esfuerzos se volcaron en las transiciones hacia regímenes “homologables” y la estabilidad, incluyendo apoyos importantes a la sociedad civil para presionar hacia los procesos de paz.

Luego vino el despliegue de la agenda neoliberal, culminada con los tratados de libre comercio. Durante esta época la cooperación al desarrollo acuñó toda una batería de conceptos como Desarrollo Humano, Desarrollo Sostenible, Género en el Desarrollo, Objetivos del Milenio, etc., como contrapeso, para ir más allá del crecimiento económico como vara de medir el desarrollo. En todo ello, junto a la retórica paliativa del sistema de Naciones Unidas, también encontraríamos discursos y prácticas con recorridos rescatables. El problema es que, en el mejor de los casos, quedaron fundamentalmente para el  consumo interno en el ecosistema de la cooperación, mientras la “realidad real” iba por los caminos del Consenso de Washington.

En la tercera fase, en la que nos encontramos, apenas queda rastro ni siquiera de los paliativos. Se trata de pisar el acelerador de una cooperación con la inversión empresarial en el centro, es decir, el desarrollo en su expresión más cruda. Para no alargarnos basta con una imagen: el pasado 8 de marzo, mientras Guatemala y el mundo se despertaban con el horror de las 40 niñas dejadas morir en el incendio de un orfanato de la capital, mientras llovían comunicados de solidaridad y exigiendo justicia, al Foro de ONG Internacionales en Guatemala llegaba otro comunicado, de la Cámara de Comercio española en el país, en el que se lamentaba la “desprotección” de sus inversiones en proyectos extractivistas como las hidroeléctricas de ACS en el río Cahabón, ante las demandas de protección el territorio kekchí[1]. La Corte de Constitucionalidad acaba de darles luz verde. La diplomacia y la cooperación oficial europeas de hoy son mucho más proactivas con los “derechos” del ciudadano Florentino Pérez y sus co-accionistas. El Género en el Desarrollo ya hace tiempo que cayó en desgracia, los recortes hicieron el resto[2]. Las huérfanas no “producen riqueza”…

Datos y cifras de una promesa incumplida

El balance concreto sobre lo que fueron las promesas de progreso, derechos y bienestar de la cooperación al desarrollo hacía Centroamérica nos muestra que, por desgracia, la realidad sigue siendo extremadamente tozuda.

A nivel macro y centrándonos meramente en el crecimiento económico, nos encontramos con la irrelevancia de la cooperación: “(…) los países de Centroamérica no representan un peso fuerte en el desembolso de la cooperación de los países o las instituciones multilaterales. Para el caso de los donantes bilaterales, se posiciona con mayor relevancia el nivel de comercio que tienen con los receptores, lo cual sugiere que la ayuda tiene como objetivo fortalecer los vínculos comerciales. El modelo de eficacia arroja que no existe una relación significativa entre el peso de la ayuda dentro de cada país de la región y las tasas de crecimiento que estos registran. Esto no tiene que ser interpretado como un llamado a cesar toda fuente de ayuda; es una invitación a repensar las cosas”[3].

Los análisis de impacto de los tratados de libre comercio, a los que la región se abocó, nos muestran lo que ya cabía esperar, hablando todavía en términos macroeconómicos: “Durante el período de vigencia del CAFTA hay un incremento del déficit comercial no maquilero de El Salvador con EEUU. En el período 2006-2011 fue en promedio de 1.816 millones de dólares; en el período liberalizador previo a CAFTA (1990-2005) el saldo era de 846 millones; y en el período previo a la guerra civil (1970-1980) el monto ascendía a 28 millones”[4].

Bajando a indicadores de “desarrollo humano”, el Quinto Informe Estado de la Región 2016[5] nos brinda una amplia visión del paisaje. Ya en su introducción podemos leer: “Cinco años después del último reporte, el istmo muestra un estancamiento en la estructura productiva, en la desigualdad social, en la debilidad de las instituciones y, sobre todo, en la calidad y cobertura de los sistemas educativos”. Señala también: “Si no fue posible mejorar las condiciones de vida generales de la población en 2004-2007, cuando se experimentó un crecimiento económico promedio del 5,6 por ciento anual, mucho menos lo sería ahora”.

El informe citado recoge también los siguientes datos: “En 2013 casi la mitad de la población se encontraba por debajo de la línea de pobreza, (…) entre 2009 y 2014 los hogares en exclusión social aumentaron del 36 a 42 por ciento”. La desnutrición crónica “afecta a un 28,4 por ciento de niños y niñas, más del doble que el promedio latinoamericano”; el salario mínimo agrícola “en El Salvador, Honduras y Guatemala fue insuficiente para adquirir la canasta básica alimentaria. La situación más crítica es la de Nicaragua, donde el costo de la CBA es 3,27 veces el salario mínimo agrícola”. Los salarios en las maquilas, donde trabaja un 60 por ciento de mujeres, alcanzan entre un 33 y un 42 por ciento, según país, de la canasta básica.

Las cifras sobre pobreza aumentan de relieve si las unimos a las de la migración: “En 2015 cerca de cuatro millones, un ocho por ciento de la población regional, vivía fuera de sus países de origen, el 82 por ciento de ellos en EE UU. En el Salvador la proporción de migrantes se eleva al 21,1 por ciento (…) solo entre enero y mayo de 2014 cerca de 40.000 niños, niñas y adolescentes fueron aprehendidos por las autoridades fronterizas estadounidenses”[6].

La violencia es otro de los rasgos de una región que ve como el crimen organizado y la corrupción se incrustan en los negocios y las instituciones políticas. A nivel mundial, la tasa de homicidios es de 6,2 por 100.000 habitantes. Una tasa de diez es el umbral que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera como problema de salud pública. En 2013 Honduras estaba en el 90,4, El Salvador en el 41,2 y Guatemala en el 39,97.

Honduras es el país de la región con el mayor número total de feminicidios (531 en 2014). Además, El Salvador y Guatemala están también en la banda alta de los diez países con mayor tasa de feminicidio del mundo, Nicaragua ronda los 50 al año. La impunidad alcanza al 90 por ciento de los casos. A ello hay que añadir que, independientemente del color político de los gobiernos, el integrismo cristiano y la hipocresía moral se han instalado tanto en la cultura oficial como en las legislaciones. Su blancos favoritos son la salud sexual y reproductiva de las mujeres y la libertad de orientación sexual.

Por otro lado, “en 2014 ya se encontraba concesionado a empresas mineras el catorce por ciento del territorio centroamericano”[8]. Honduras (35 por ciento), Guatemala (30 por ciento) y Nicaragua (13,5 por ciento) eran los países más concesionados, mientras El Salvador y Costa Rica han aprobado leyes que limitan la minería. Pero a estos ya altos porcentajes habría que añadirles lo que ocupa el resto de la amplia gama de proyectos extractivos, incluidos los monocultivos para la exportación.

El último informe con datos completos sobre bosques a escala regional ya decía en 2005 que “se continúa deforestando a un ritmo de 48 hectáreas por hora, entre 375.000 y 400.000 al año. La región apenas cuenta ya con un 36,5 por ciento de cobertura forestal y se acerca peligrosamente a un límite de destrucción de los recursos naturales en que se toque fondo”[9]. A El Salvador, Guatemala, Costa Rica y Honduras les queda menos de la mitad de su biodiversidad original.

A pesar la tarea ingente que esta realidad demandaría, la carga tributaria promedio de la región continúa siendo raquítica: 13,9 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) en 2015[10].

Si se calla el cantor, calla la vida

Lo peor de cada uno de todos estos datos y cifras es que tras ellos (mal)viven millones de personas tratando en vano de alcanzar una vida digna. Gente que aún se obstina en practicar la agricultura protegiendo su territorio; quienes sobreviven en los suburbios urbanos tratando de llegar, no a final de mes, sino al final del día; mujeres que conviven con la amenaza constante de la violencia (tanto en la calle como en su casa); gente empujada a apostar su vida a la lotería de la migración; comunidades indígenas que tratan de mantener viva la llama de sus pueblos; trabajadores y trabajadoras sin derechos de las “zonas francas”; gente que se empeña en vivir con libertad sus relaciones y afectos, etc. Las metas de la cooperación al desarrollo han sido para toda esta gente como un horizonte huidizo, que se va alejando conforme avanzan hacia él.

Sin embargo, esta gente no está del todo desamparada. Centroamérica mantiene un importante tejido organizativo social, construido durante décadas en múltiples y variadas experiencias de luchas populares. Comunidades, colectivos, organizaciones, plataformas y/o movimientos sociales que se esfuerzan por expresar sus necesidades y demandas, a menudo en circunstancias muy adversas. Este tejido social se encuentra hoy acosado por la represión y la criminalización, por la difamación mediática, por la cooptación desde el poder y por el estrangulamiento económico y/o legal, así como por contradicciones internas con los estilos de liderazgo o el machismo.

Por muchos ríos de tinta que hagamos correr sobre la eficacia y la calidad de la cooperación al desarrollo, no habrá ninguna esperanza de revertir y construir alternativas a estos datos y cifras del desarrollo realmente existente si consiguen callar a estos sujetos sociales. Por eso no se nos ocurre otra prioridad más relevante en estos momentos que la cooperación mutua con ellos y ellas. Que apoyar, y a la vez aprender, de quienes, surgiendo de estos diversos sectores populares, trabajan para trenzar resistencias y propuestas alternativas a este desarrollo desde de la emancipación social y con autonomía política.

Como dijo Mercedes Sosa, “si se calla el cantor, calla la vida”. Y, si calla la vida, sólo se escucha el frío e incompasivo latido del desarrollo.

 

Alex Guillamón es coordinador de Entrepueblos.

 

NOTAS:

  1. Alcalde, Ana Rosa (16/5/2017): “Carta abierta a la Cámara de Comercio de España en Guatemala”, Prensa Libre, Guatemala.

  2. Murguialday, Clara; y Ramil, Estrella (coords.) (2016): Impactos del desmantelamiento de la cooperación española en las organizaciones feministas centroamericanas, Alianza por una Cooperación Feminista Global, Barcelona.

  3. Siero, Caroll; Rodríguez, Rony; Hernández, Sebastián (2015): “¿Ha sido importante la cooperación internacional para el desarrollo y el crecimiento económico? Una evidencia de datos panel para Nicaragua y Centroamérica”, Encuentro No. 102, Managua.

  4. Góchez Sevilla, Roberto (2013): “Balance del comercio a siete años de vigencia del Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos con Centroamérica”, Economía Hoy, núm. 50, San Salvador.

  5. Consejo Nacional de Rectores (Conare) de las universidades esta tales de Costa Rica.

  6. Orozco, Manuel; Yansura, Julia (2015): Centroamérica en la mira: la migración y su relación con el desarrollo y las oportunidades para el cambio, Editorial Teseo, Buenos Aires, Argentina.

  7. Estudio Mundial sobre el homicidio 2013, Oficina de las NN.UU. sobre Droga y Delito (UNDOC).

  8. Trucchi, Giorgio (2014): Crecimiento de la industria minera en Centroamérica produce mitos, paradojas y realidades trágicas, REL-UITA, Montevideo.

  9. “Centroamérica en el límite forestal. Desafíos para la Implementación de las Políticas Forestales en el Istmo”. Programa Ambiental Regional para Centroamérica, Componente de Áreas Protegidas y Mercadeo Ambiental, 2005, Guatemala.

  10. Perfiles macrofiscales de Centroamérica, Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), 2016, Guatemala.

 

Amèrica Central: sobreviure al desenvolupament

El balanç de tres dècades de cooperació internacional al desenvolupament que hem conegut a Amèrica Central ens deixa un saldo que podríem resumir esquemàticament com: èxit del desenvolupament, punxada de la cooperació.

El discurs de les polítiques de cooperació al desenvolupament plantejava expectatives de generalització del model econòmic i del benestar dels països “desenvolupats”. Aquest discurs obviava que la tendència natural del desenvolupament realment existent és la d’una evolució desigual en el marc d’unes relacions desiguals. El seu “progrés” ha estat el de la concentració de la riquesa, la financiarització, la deslocalització, l’especialització territorial i l’acumulament per despossessió. Amb l’avanç de totes aquestes tendències, el desenvolupament realment existent (no el de l’imaginari de la cooperació), sí està assolint els seus objectius.

L'Evolució

Si fem un brevíssim recorregut per aquestes tres dècades, hi podríem distingir tres fases:

Una primera època marcada pels conflictes armats, encara en un món dividit en dos grans blocs, on prevalia el discurs dels DDHH i els esforços es van abocar cap a les transicions envers règims “homologables” i l’estabilitat, tot incloent-hi suports importants a la societat civil per pressionar en pro dels processos de pau.

Després va venir el desplegament de l’agenda neoliberal, culminada amb els Tractats de Lliure Comerç. Durant aquesta època, la cooperació al desenvolupament va encunyar tota una bateria de conceptes com els de Desenvolupament Humà, Desenvolupament Sostenible, Gènere en el Desenvolupament, Objectius del Mil·lenni, etc., com a contrapès, per anar més enllà del creixement econòmic com a mesura del desenvolupament. En tot allò, al costat de la retòrica pal·liativa del sistema de les NN.UU., també trobaríem discursos i pràctiques amb recorreguts rescatables. El problema és que, en el millor dels casos, van quedar fonamentalment per al consum intern en l’ecosistema de la cooperació, en tant que la “realitat real” anava pels camins que dictava el Consens de Washington.

En la tercera fase, on ens trobem, amb prou feines en queda rastre ni tan sols d’aquells pal·liatius. Es tracta de prémer l’accelerador d’una cooperació amb la promoció i la protecció de la inversió empresarial en el centre, és a dir, el desenvolupament en la seva expressió més crua.

Per no allargar-nos, n’hi ha prou amb una imatge: el passat 8 de març, mentre Guatemala i el món es despertaven amb l’horror de les 40 nenes deixades morir en l’incendi d’un orfenat de la capital, enmig d’una pluja de comunicats de solidaritat exigint justícia, al Fòrum d’ONG Internacionals a Guatemala arribava un altre comunicat, de la Cambra de Comerç espanyola al país. Aquest, però, planyent-se de la “desprotecció” de les seves inversions en projectes extractivistes com les hidroelèctriques d’ACS al riu Cahabón, davant les demandes del poble ‘kekchí’ de protecció del seu territori (Carta abierta a la Cámara de Comercio de España en Guatemala», Ana Rosa Alcalde, directora de APS, a Prensa Libre, 16/5/2017, Guatemala). La Cort de Constitucionalitat acaba de donar-los llum verda. La diplomàcia i la cooperació oficial europees d’avui són molt més proactives amb els “drets” del ciutadà Florentino Pérez i dels seus co-accionistes. El Gènere en el Desenvolupament ja fa temps que va caure en desgràcia, les retallades en van fer la resta (Impactos del desmantelamiento de la cooperación española en las organizaciones feministas centroamericanas, Clara Murguialday, Estrella Ramil, Mª Teresa Blandón, Morena Herrera, Walda Barrios y Paula del Cid, Aliança per una Cooperació Feminista Global, 2016 Barcelona). Les òrfenes no “produeixen riquesa”…

Dades i xifres d’una promesa incomplerta

El balanç concret del que van ser les promeses de progrés, drets i benestar que oferia la cooperació al desenvolupament a Amèrica Central, ens mostra que, dissortadament, la realitat continua sent extremament tossuda. A nivell macro i centrant-nos exclusivament en el creixement econòmic, ens trobem amb la irrellevància de la cooperació: “[…] els països d’Amèrica Central no representen un pes fort en el desemborsament de la cooperació dels països o les institucions multilaterals. En el cas dels donants bilaterals, es posiciona amb molta més rellevància el nivell de comerç que tenen amb els receptors, cosa que suggereix que l’ajuda té com a objectiu enfortir els vincles comercials. El model d’eficàcia demostra que no existeix una relació significativa entre el pes de l’ajuda dins de cada país de la regió i les taxes de creixement que aquests registren. Això no ha d’ésser interpretat com una crida a aturar tota font d’ajuda; és una invitació a repensar les coses” (“¿Ha sido importante la cooperación internacional para el desarrollo y el crecimiento económico? Una evidencia de datos panel para Nicaragua y Centroamérica”, Caroll Siero, Rony Rodríguez i Sebastián Hernández, Encuentro No. 102, 52-74, 2015 Managua).

Les anàlisis d’impacte dels Tractats de Lliure Comerç als quals es va abocar la regió, ens mostren allò que ja cabia esperar -seguint en termes macroeconòmics-: “Durant el període de vigència del CAFTA, hi ha un increment del dèficit comercial (exceptuats els negocis de ‘maquila’) d’El Salvador amb els EUA. En el període 2006-2011, va ser d’un promig de 1.816 milions de dòlars; en el període liberalitzador previ al CAFTA (1990-2005), el saldo n’era de 846 milions; i en el període previ a la guerra civil (1970-1980), la suma era de 28 milions” (“Balance del comercio a siete años de vigencia del Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos con Centroamérica”, Roberto Góchez Sevilla, Economía Hoy, núm. 50, Abril 2013, San Salvador).

Tot baixant a indicadors de “desenvolupament humà”, el Quinto Informe Estado de la Región 2016 (Quinto Informe Estado de la Región 2016, Consejo Nacional de Rectores (Conare) de las universidades estatales de Costa Rica, 2016, Costa Rica) ens brinda una àmplia visió del paisatge. Ja en la seva introducció podem llegir:

“Cinc anys després de l’últim informe, l’istme mostra un estancament en l’estructura productiva, en la desigualtat social, en la feblesa de les institucions i, sobretot, en la qualitat i cobertura dels sistemes educatius”, i el que és pitjor encara, “si no va ser possible millorar les condicions de vida generals de la població entre 2004 i 2007, quan es va experimentar un promig de creixement econòmic del 5,6% anual, molt menys ho podria ser ara” (…) “El 2013 quasi la meitat de la població es trobava per sota del llindar de pobresa, (…) entre els 2009 i 2014 les llars en exclusió social van augmentar de 36% a 42%”. La desnutrició crònica “afecta a un 28,4% de nens i nenes, més del doble que el promig llatinoamericà”; el salari mínim agrícola “a El Salvador, Hondures i Guatemala és insuficient per adquirir la cistella bàsica alimentària. La situació més crítica és la de Nicaragua, on el cost de la CBA és 3,27 vegades el salari mínim agrícola”. Els sous a les ‘maquilas’, on més del 60% de qui hi treballa són dones, representen entre un 33% i un 42%, segons país, de la cistella bàsica.

Les xifres sobre pobresa augmenten de relleu si les unim a les de la migració

“El 2015 prop de quatre milions, un 8% de la població regional, vivia fora dels seus països d’origen, el 82% d’ells als EUA. A El Salvador la proporció de migrants puja al 21,1% (…) només entre gener i maig de 2014 prop de 40.000 nens, nenes i adolescents van ser detinguts per les autoritats frontereres nord-americanes” (Centroamérica en la mira: la migración y su relación con el desarrollo y las oportunidades para el cambio, Manuel Orozco i Julia Yansura, Editorial Teseo 2015, Buenos Aires, Argentina).

La violència és un altre dels trets d’una regió que veu com el crim organitzat i la corrupció s’incrusten en els negocis i les institucions polítiques. A nivell mundial, la taxa d’homicidis és de 6,2 por 100.000 habitants. Una taxa de 10 és el llindar que la OMS considera com a problema de salut pública. El 2013 Hondures estava en 90,4, El Salvador 41,2 i Guatemala 39,9 (Estudio Mundial sobre el homicidio 2013, Oficina de les NN.UU. sobre Droga i Delicte (UNDOC), 2013).

Hondures és el país de la regió amb el major nombre total de feminicidis (531 el 2014). A més, El Salvador i Guatemala estan també en la banda alta dels deu països amb una taxa més gran de feminicidis del món. Nicaragua està a prop dels 50 feminicidis l’any. La impunitat arriba al 90% dels casos. A tot això cal afegir que, independentment del color polític dels governs, l’integrisme cristià i la hipocresia moral s’han instal·lat tant en la cultura oficial, com en les legislacions. Els seus blancs favorits són la salut sexual i reproductiva de les dones i la llibertat d’orientació sexual.

“El 2014 ja s’havien fet concessions a empreses mineres del 14% del territori centreamericà” (Crecimiento de la industria minera en Centroamérica produce mitos, paradojas y realidades trágicas, Giorgio Trucchi, REL-UITA, 2014 Montevideo). Hondures (35%), Guatemala (30%) i Nicaragua (13,5%) eren els països amb més concessions, en tant que El Salvador i Costa Rica han aprovat lleis que limiten la mineria. Però, a aquests percentatges, que ja són prou alts, caldria afegir-hi el que ocupa la resta de l’àmplia gamma de projectes extractius, inclosos els monocultius per a l’exportació.

L’últim informe amb dades completes sobre boscos a escala regional ja deia el 2005 que “es continua desforestant a un ritme de 48 ha./hora, entre 375.000 i 400.000 ha./any. La regió amb prou feines compta ja amb un 36,5% de cobertura forestal i s’acosta perillosament a un límit de destrucció dels recursos naturals en què es toqui fons” (Centroamérica en el límite forestal. Desafíos para la Implementación de las Políticas Forestales en el Istmo» Programa Ambiental Regional para Centroamérica, Componente de Áreas Protegidas y Mercadeo Ambiental, 2005 Guatemala). A El Salvador, Guatemala, Costa Rica i Hondures els queda menys del 50% de la seva biodiversitat original.

Segons l’índex de Risc Climàtic Global a llarg termini (German Watch), Hondures (que encapçala la llista), Nicaragua, Guatemala i El Salvador estan entre els 15 països més afectats a nivell global pel canvi climàtic.

Malgrat la tasca ingent que totes aquestes realitats demandarien, el promig de la càrrega tributària a la regió continua sent raquítica: 13,9% del PIB el 2015 (Perfiles macrofiscales de Centroamérica, Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), 2016 Guatemala).

Si se calla el cantor calla la vida

El pitjor de cada una d’aquestes dades i xifres és que, darrere d’elles, (mal)viuen milions de persones maldant en va per aconseguir una vida digna. Gent que encara s’entesta a practicar l’agricultura protegint el seu territori; gent qui sobreviu als suburbis urbans tractant d’arribar, no a final de mes, sinó al final del dia; dones que conviuen amb l’amenaça constant de la violència (tant al carrer, com a casa seva); gent empesa a apostar la seva vida a la loteria de l’emigració; comunitats indígenes que tracten de mantenir viva la flama dels seus pobles; treballadors i treballadores sense drets de les “zones franques”; gent que s’encaparra a viure amb llibertat les seves relacions i afectes, etc.

Les metes de la cooperació al desenvolupament han estat per a tota aquesta gent com un horitzó fugisser, que se n’ha anat allunyant a mesura que avançaven cap a elles.

Però aquesta gent no està desemparada del tot. Amèrica Central manté un important teixit organitzatiu social, construït durant dècades en múltiples i variades experiències de lluites populars. Comunitats, col·lectius, organitzacions, plataformes i/o moviments socials que s’esforcen a expressar les seves necessitats i demandes, tot sovint en circumstàncies molt adverses. Aquest teixit social, però, es troba avui assetjat per la repressió i la criminalització, per la difamació mediàtica, per la cooptació des del poder, l’escanyament econòmic i legal, i, en ocasions, també per contradiccions internes amb els estils de lideratge o el masclisme.

Per molts rius de tinta que fem córrer sobre l’eficàcia i la qualitat de la cooperació al desenvolupament, no hi haurà cap esperança de revertir i construir alternatives a aquestes dades i xifres del desenvolupament realment existent, si aconsegueixen callar aquests subjectes socials. Per això no hi ha una altra prioritat més rellevant, que la cooperació solidària per protegir i enfortir aquests col·lectius organitzats que defensen els drets dels sectors populars, a la vegada que aprenem de les seves experiències, per trenar resistències i propostes des de les diferents dimensions de l’emancipació social i des de l’autonomia política dels moviments. Una solidaritat que ha de néixer de la consciència que Amèrica Central també es juga el nostre futur.

Com va dir Mercedes Sosa, “si se calla el cantor, calla la vida”. I, si calla la vida…, només s’escolta el fred i incompassiu batec del desenvolupament.

Àlex Guillamón és coordinador d’Entrepobles

 

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Categoría
  • Soberania alimentaria
  • Territorios y bienes naturales
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